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HISTORIA DEL TÉ

UN ORIGEN LEGENDARIO

Según la leyenda china, esta interesante historia comienza cuando el emperador y erudito Shen Nung, descubrió las propiedades beneficiosas del té. Una de sus sabias normas fue la disposición de que durante su reinado, toda el agua destinada para el consumo humano fuese previamente hervida.
Cuentan que un día del año 2737 aC cuando Shen Nung estaba descansando junto a un árbol de té silvestre, una ligera brisa agitó las ramas con tan buena fortuna que algunas hojas fueron a caer en el agua que estaba hirviendo. La infusión resultante le pareció deliciosamente refrescante y reconstituyente, y así fue como descubrió el té.

EL TE LLEGA A OCCIDENTE
El comercio con Oriente había estado siempre centrado en Venecia. A esta ciudad llegaban los exóticos tesoros orientales, básicamente seda, tintes y especias, para ser canjeadas por mercancías europeas. En algún momento debió también comenzar a llegar el té, pues en el año 1599 el veneciano Giambattista Ramussio publicaba un libro en el que se mencionaban las virtudes curativas del té.

Cuando el portugués Vasco de Gama logró hacer realidad el antiguo sueño de llegar a China por mar, se estableció una relación comercial con china con base en Macao. Los españoles, holandeses e ingleses se fueron incorporando a esta nueva ruta comercial, siendo recibidos siempre con gran frialdad por parte de las autoridades chinas.

En 1595, un navegante holandés llamado Jan Hugo van LinSchooten publicó un relato de sus viajes a Japón, en los que detallaba la ceremonia japonesa del té. En gran parte a consecuencia de este relato, los holandeses establecieron una base comercial en la isla de Java y en 1606 la Compañía Holandesa de las Indias Orientales traía a Europa el primer cargamento importante de té, siendo desde entonces una de las principales mercancías transportados por las naves procedentes de China.

Hacia 1630, la alta sociedad de Londres, Amsterdam y París se había aficionado por completo al té. Con la reducción de los precios generada por el cada vez más abundante transporte marítimo, en las siguientes decadas el té fue conquistando prácticamente todos los países europeos ; sin embargo, en muchos de ellos fue una moda pasajera. Alemania, por ejemplo, volvió rápidamente a su bebida tradicional : la cerveza. Francia, España y Portugal regresaron al café y al vino. No obstante, en Inglaterra, Irlanda y Rusia ocurrieron de un modo muy distinto, el té llegó para quedarse.

En 1657 el café Garraway de Londres, se convertía en el primer establecimiento público occidental en el que se servía té. Su dueño expuso fuera del local un cartel con la lista de los efectos positivos de la nueva y éxotica bebida : Con el tiempo el té se habría de convertir no sólo en una bebida absolutamente indispensable, sino también en una parte vital de la cultura y de la vida en las islas británicas.

En un principio, todo el té consumido en Inglaterra era suministrado por los holandeses, pero al ascender geométricamente la demanda, los ingleses se decidieron finalmente a importarlos ellos mismos. Así con la aprobación de la reina Isabel, se creó la Compañía de las Indias Orientales, como respuesta a los elevados precios fijados por los holandeses a ciertas mercancías. Sus barcos, fuertemente armados para defenderse de los piratas, comenzaron a surcar los mares del Sur, trayendo de China cantidades de té cada vez mayores. A pesar de que el viaje duraba todo un año y de que gran cantidad de barcos no llegaban a su destino, el poderío que la Compañía llegó a alcanzar fue enorme, monopolizando durante más de 150 años todo el comercio inglés con la China.

Con el tiempo, los ingleses se dieron cuenta de que su comercio con China les resultaba altamente deficitario. Las importanciones de seda, porcelana y té, excedían con mucho a sus exportaciones de lana, especias y algunos otros productos menores. La diferencia entre ambas representaba grandes sumas de dinero, que debían ser pagadas en monedas de oro y plata. Por ello, en 1773 iniciaron un plan para aficionar a los chinos al opio hindú -por entonces la India ya estaba bajo dominio inglés-.

El éxito del plan fue inmediato. Muy pronto la adicción al opio desequilibró la balanza en sentido contrario y los cofres del tesoro chino comenzaron a vaciarse rapidamente. A causa de ello y para detener los estragos que el opio causaba entre su gente, en 1800 el emperador prohibió totalmente su comercio. Pero los ingleses hicieron caso omiso de la prohibición. En 1839 las autoridades chinas confiscaron veinte mil cajas de opio en el puerto de Cantón. En respuesta los ingleses atacaron a los chinos iniciando así la primera de las cuatro guerras del opio. Al finalizar cada una de ella, los chinos fueron obligados a pagar fuertes indemnizaciones y a firmar un armisticio cada vez más desfavorable. Por otra parte, los aranceles fueron drásticamente reducidos, el comercio se realizó desde entonces en numerosos puertos y los ingleses se concedieron el derecho de viajar libremente por territorio chino. Pero las desgracias para los chinos no terminaron ahí. En el horizonte se perfilaba ya lo que pronto acabaría con su monopolio de muchos siglos sobre el comercio del té : las plantaciones de la India
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